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«¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué tanta desgracia? Si hubiera perdido un brazo o una pierna, la cosa no estaría tan mal; si hubiera perdido las orejas, también estaría mal, pero no tanto; pero quién sabe lo que es un hombre sin nariz: ni pescado, ni carne, ni buen ciudadano… ¡sólo una cosa que se tira por la ventana! ¡Si al menos me la hubieran cortado en la guerra o en un duelo o si yo mismo fuera la causa de su desaparición, pero perderla así como así, sin motivo alguno! ¡Sin motivo!»
La nariz, Nikolai Gógol
Arnold Sommerfeld y Niels Bohr en Lund (Suecia), 1919. Crédito Emilio Sègre Visual Archives