Noticias de interés
Sobre mí
Diapositivas personalizadas
Matemáticas, Física, Química y otras asignaturas.
«Indudablemente había muchos médicos, pensé, que, aun teniendo una mentalidad plenamente científica, no eran otra cosa que hombres de negocios y hablaban y actuaban como tales; mi padre, sin embargo, no era de ésos. Para mí, dijo, debía de ser una continua tristeza acompañarlo, y por ello vacilaba casi siempre en llevarme con él en sus visitas, porque siempre resultaba que todo lo que él veía, tocaba o atendía era enfermizo y triste; se tratase de lo que se tratase, se movía constantemente en un mundo enfermo, entre gentes y personas enfermas; incluso cuando ese mundo pretendía o simulaba estar sano, estaba en realidad enfermo, y las gentes y las personas incluso las pretendidamente sanas, estaban enfermas. Él estaba acostumbrado, dijo, pero a mí podría trastornarme e inducirme a unas reflexiones perjudiciales; precisamente yo, en su opinión, tendía siempre a dejarme trastornar por todo y por todos, de una forma que me hacía daño. Y lo mismo le ocurría a mi hermana, de un modo mucho más peligroso aún. No obstante, era un error, creía él, negarse a aceptar la evidencia de que todo era enfermizo y triste –dijo realmente enfermizo y triste– y, por esa razón, tarde o temprano se «sentía tentado» a llevarnos a mí o a mi hermana en sus visitas. «Siempre hay un riesgo», dijo. Lo que más temía él, dijo, era que alguno de nosotros, mi hermana o yo, pudiera quedar traumatizado para toda su vida por la visita de un enfermo y su enfermedad, cuando la preocupación de mi padre había sido siempre lo contrario.»
Trastorno, Thomas Bernhard
Erwin Schrödinger y Fritz London. Berlín, 1928. Créditos: Cambridge University Press